¿Para qué la poesía?
Por: Ayran Riascos
En un mundo donde la confianza visual ya no es absoluta. En un mundo donde ya no podemos confiar en lo que vemos, la era de la IA nos trae de vuelta al mundo de las ideas, a lo que se esconde en el interior de una idea. La poesía, siempre fue una idea, desde los griegos hasta nuestros días, y por tanto le hemos dado el nombre de arte, es un ente vivo que respira entre nosotros y que es capaz de expresar el mundo y a su vez ser un instrumento de trasmisión oral de mitos y valores a través de la oralidad y la música. Reconstruye la memoria del pensamiento humano.
La poesía, según su servidor, constituye el medio a través del cual las personas se escuchan a sí mismas. La poesía siempre habla a los que están dispuestos a escuchar. Por eso es que no dialoga muy bien con personas que no están dispuestas a detenerse, a dejar de vivir en automático, y a escuchar. Dice la poeta samaria Monique Facuseh que la poesía es una caja de música que muy pocos pueden escuchar, y tiene toda la razón. Habla con los solitarios, con los que duelen, con los que necesitan un pedazo de pan y lo único que hay es aire. Cuando escuchamos a la poesía, estamos escuchándonos a nosotros mismos, y cuando nos escuchamos, somos también capaces de empezar a escuchar a los demás. Lo que nos lleva a desarrollar empatía y compasión por nosotros mismos, y por los demás. Nos enseña a tener consciencia del dolor ajeno y nos enseña a recordar que ese que tenemos enfrente también somos nosotros. Por lo que se sabe, por la poesía podríamos evitar las guerras, pero para algunos eso es aún es una utopía, aún no están dispuestos a escuchar, a escucharse, mejor dicho, a escuchar el dolor ajeno y el propio. Ahí se oculta una revelación.
La poesía viene siendo entonces para mí, la capa vibracional de las cosas, los objetos, los pensamientos, lo material y lo inmaterial, los poetas inevitablemente son atravesados por el mundo y no pueden sino escucharla, y como a un pensamiento prohibido registrarla desde su condición humana. Como lo diría el poeta Rómulo bustos, la poesía es nuestro intruso y nuestra raiz, amorosa y duramente decidimos arrullar al poema en su nacar. La voz de la poesía se dispara a veces, se expresa a través de un impulso bendito en el cuerpo del poeta, y como diría Wislawa, lo convierten en un enjambre de nuevas preguntas que emergen de cada problema que resuelve. Sea cual sea la inspiración, nace de un continuo "no sé". Es la exploración de la continua pregunta del ser humano, por qué y para qué y la relación de sí mismo con el mundo en ese caminar.
A mí, la poesía me sirvió para tener esperanza de que algún día mi mundo iba a poder verse diferente, un poco mejor. Todo frente a mí me demostraba lo contrario, pero la poesía seguía susurrándome cosas. Me enseñó sobre la fe, la fe de que siempre existe un poema que nos devuelve las ganas de vivir un día más. Me enseñó a confiar en ese poema. Aun si lo que yo quería era tirarme del tercer piso y dejar de ver lo que tenía enfrente. La poesía me ha permitido arrancar de mí esa idea, y soñar.
Yo todavía creo en las utopías, porque me he demostrado a mí mismo que es posible construir una, pero cuesta eso, construcción y la poesía me ha enseñado a agarrarme del aire para seguir, un aire en el que he creído desde mi más tímida intimidad conmigo mismo.
Podemos cuando hablamos de poesía, hablar de la condición humana. Creo que nuestra condición como humanos hoy día está severamente enferma. Nuestros científicos se han vanagloriado de poder entender de qué estamos hechos, pero la poesía ha sido la única que por medios fantásticos me ha explicado lo que soy. Un ser fantástico, un ser del que la gente se burlaba por ser yo, el negro, el trans, el homosexual, el loco, el poeta, el autista, en todas mis facetas que he sido la poesía me ha iluminado muchos rincones del ser y nos hemos visto al espejo. Nos hemos encontrado y yo me he encontrado con esta vida, una utopía, un camino que recorro hoy día.
Creo firmemente que nuestros pensamientos más internos constituyen lo que somos como humanos.
A los 14 años, me enamoré de lo prohibido y quise confesárselo al papel, era un secreto, así que lo dije en código, de ahí mis primeros versos.
Recuerdo aún el día, la primera vez que logré distinguir lo que decía un cartel en la calle. Aprendí a leer y mi corazón experimentó una suerte de éxtasis. Es gracioso porque yo me formé como lector leyendo cuento y novela, pero aunque he escrito cuentos, nunca leí poesía como tal. Los únicos textos poéticos que llegaron a mí los encontré en un diario que mi madre llevó desde los 15 hasta los 25. Mi madre ensayaba la poesía de adolescente, antes de entregarse por completo a las telas y a los hilos. Después me regaló un libro de pensamientos, así se llamaba “Libro de pensamientos” y se me antojó que la palabra pensamiento me gustaba. Eran pensamientos de grandes pensadores de todos los tiempos, Seneca, Confusio, entre otros.
Empecé a leer poesía a los 22, gracias a los talleres de poesía de Cali. Me obsesioné en leer obras completas o poetas que fuera encontrando, y entendí que todos tienen una voz propia. Nos hablan de su condición en el mundo. Yo quiero hablar al mundo de cosas que me planteo, que quiero nombrar. Cosas que me pregunto, cosas que observo, y espero observar. A esa edad, no había visto muchas cosas, pero el mundo empezó a expandirse a medida que fui descubriendo y sigo descubriendo, poetas y poesía.
Hoy día no sé a donde me lleve este camino, o hacia donde me lleve la poesía, pero he de seguirlo y a cada paso, despojarme del miedo a escuchar, a lo que está más allá,o dentro de mí.
Ayran Riascos nació en Cali, Colombia, en 1993. Es un poeta trans, licenciado en lenguas extranjeras y formulador de proyectos en la Universidad del Valle. Ha sido conferencista y poeta invitado del Festival Internacional de Poesía de Cali en sus ediciones XX, XXI y XIII. Ganador primer puesto categoría adultos del XV Concurso de Poesía Inédita de Cali. En 2021 publicó su primer libro, El que camina, gracias a la Convocatoria Nacional de Estímulos 2021 del Ministerio de Cultura. Sus poemas han sido publicados en antologías como Poesía Joven del Valle del Cauca, 2022.