Con la música a otra parte
Por: Sebastián Salazar Cano
Lo primero fue el sonido de las palabras al juntarse. Iban cayendo fonemas en los rincones más insospechados, se acumulaban como nieve tras un largo invierno y, ya cuando el sol se imponía en otras estaciones, eran agua que arreciaba la sed. Lo que me atrajo fue la música, la cadencia, el ritmo. La relación entre la música y el lenguaje ha sido tratada por muchos poetas, teóricos, pensadores y, por supuesto, no es una relación que exista sólo en la poesía. El lenguaje cotidiano está lleno de sonoridades, disonancias, texturas. El poeta Joseph Brodsky recomendaba, a quien pretendiera hacerse un buen lector, leer mucha poesía. De esa manera cuando algo no terminara de afinar en un texto, fuese del género que fuese, sería por la ausencia de poesía. Bajo esta perspectiva tenemos una concepción clásica del término, basta recordar que cuando Aristóteles se preguntó por los géneros literarios en la poética los dividió en tres, poesía épica, que en la era moderna equivaldría a la novela, poesía dramática, el teatro, poesía lírica, porque era acompañada con la lira. Lo anterior se daba porque en la antigüedad la palabra poesía no intervenía en el formato. Del latín poesis o del griego poiesis la palabra se refiere al acto de crear. Fabricar con palabras una casa sin techo para mirar el cielo.
Todo lo anterior desborda en la famosa consigna “la poesía está en todas partes, incluso en algunos poemas”, así, intuimos que lo poético depende más de la mirada que del género o el formato. Llegados a este punto es importante pensar que, es precisamente esa dificultad para definir la poesía en algo concreto, lo que aleja a la mayoría de lectores de los libros de poesía dispuestos en el mundo. cuando hablamos del fenómeno poético nos referimos a un ente que no podemos terminar de asir, al igual que lo sagrado no puede terminar de nombrase, se presenta un día en una calle, sobre una servilleta tirada en el andén y también se ausenta de páginas y anaqueles, repletas de palabras, de libros. Esa manera de ser tan cercana a la abstracción de las revelaciones místicas coloca a la poesía en el lugar de las intuiciones previas al lenguaje. Si el humano es, como lo definieron en algún momento los griegos un “animal que habla”, la poesía nos conecta con un momento que precede a la capacidad de formular enunciados lógicos en una gramática aprendida. Yeats diría “Estoy buscando el rostro que tenía/antes de que el mundo fuese hecho”. Esa cualidad anterior al lenguaje, anterior al mundo, pone a la poesía al mismo nivel de la música, es decir que antes de cualquier formula o certeza, la poesía es forma. Es precisamente esa condición la que permite que, la poesía como artefacto del lenguaje, logre poner de patas para arriba el pensamiento en su tradición más cartesiana o, incluso, que se ponga a bailar con las ideas más ortodoxas y positivistas de las ciencias comprobables. Porque “todo pensamiento empieza con un poema” le decía el filosofo Alain a Valery. Tal vez refiriéndose al momento de revelación que antecede cualquier obra de la imaginación o del pensamiento que tenga algo de valioso para la humanidad y sin embargo, pese a todas las cosas que puedan decirse sobre este tema, siempre que me preguntan tengo que recordar a la poeta Wislawa Szymborska, repetir como un viejo conjuro sus versos. “La poesía, pero qué es la poesía. Más de una insegura respuesta se ha dado a esta pregunta. Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro como a un oportuno pasamanos”.
Sebastián Salazar Cano nació en Medellín, Colombia, en 1995. Es profesional en estudios literarios y magíster en literatura de la UPB. Integrante del taller de escritores el sueño del árbol. Ha sido tallerista, promotor de lectura y profesor. En 2017 obtuvo el segundo puesto en los premios de cultura ciudad Itagüí con el poemario Para habitar la intemperie. Poemas suyos aparecen en los libros: País en paralelo repertorio de poetas colombianos y ecuatorianos (Editorial UPB, 2019) y Verso en paralelo, repertorio de poesía de Colombia y Ecuador (2024).
Fue invitado mediante convocatoria local, para participar en el 36º FIMed.