La creación poética
Por: Andrés Felipe Tamayo Arango
Podríamos decir que la creación poética es el impulso que desemboca en la unión entre la vida y el lenguaje. Tratar de dar cuenta de esto es preguntarnos por el origen desde el cuál nos llega lo poético y por una de sus formas de expresarlo: el poema. Diríamos que una creación es poética dado que está mediada por una experiencia vital, estética —en muchas ocasiones mística— proveniente de la relación del ser humano con el mundo sensible que —en el caso de la escritura— se vuelve palabra, poema. Vivimos el mundo, lo imaginamos, lo padecemos, lo volvemos lenguaje. El poema es una síntesis del pasar del tiempo y de la experiencia que atraviesa al ser humano en este transitar por la vida. Para poner el tema en un terreno más concreto, pensemos en la experiencia que nos provee la naturaleza; el habitarla desde la contemplación y la pausa. Un ejemplo de esto es el haiku de Basho:
Un relámpago
y el grito de la garza
hondo en lo oscuro.
Hay una experiencia no sólo estética en estas palabras; nos moviliza la imagen por sí misma, pero a su vez intuimos un fondo que no nos es posible precisar del todo. Quedamos llenos de asombro. Hay un misterio indescifrable en la creación poética. Dar cuenta de dónde proviene es pensar en un principio inalcanzable. Pero quizás podamos preguntarnos ¿Para qué y cómo transmitimos lo que en un primer momento nos resulta indescifrable? Compartimos el asombro mediante una imagen llena de ritmo y significado. La imaginación es un reino al cuál viajamos y del cuál traemos un canto que es el poema. La creación poética es la muestra del acontecer de este viaje; es el medio por el cuál traemos a la luz aquello que permanece en lo soterrado. Sea cómo lo llamemos; interior, imaginación, inconsciente. Quizás el quehacer poético sea la muestra de ese viaje que sucede hacia adentro, esa flor que traemos del otro lado. Ahora bien, ese quehacer exige ser llevado a cabo bajo una condición: ha de tener música, al menos ritmo. Debe sonar a algo. Mucho del significado proviene del sonido.
La vida es el manantial del cuál brota la experiencia poética, en este sentido no habría diferenciación entre la una y la otra; la experiencia vital es la poética. Así pues no podríamos dejar de lado lo cotidiano, siendo esto lo que acontece a todo ser humano día tras día, la vida misma. He visto asombro donde otros veían solamente costumbre, diría Borges. La creación que nos habla de lo concreto, de lo cotidiano, busca lo mismo que aquella que da cuenta de lo universal: restituir el vínculo primario con el mundo, con la realidad, volverla sagrada, dotarla de sentido. Quizás hacía eso es hacia lo que se dirige ese manantial que se vuelve río, que se vuelve poesía.
Andrés Felipe Tamayo Arango nació en Medellín, Colombia, en 1999. Sus poemas han sido publicados en las revistas literarias y de poesía Hojas de hierba (2022); Ouroboros (2022); La musa sonámbula (2024) y Orfeo (2025). Participó en el libro Espejos del insomnio, Cadáveres Exquisitos. Taller MECA Escritores y artistas de Medellín (2025).
Fue invitado por la convocatoria Revista Prometeo para participar en el 36º FIMed.