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Tayi Tibble

-1995-

Es una de las voces literarias más influyentes de Aotearoa Nueva Zelanda, reconocida por fusionar la cultura urbana Māori con la estética millennial y la cultura pop. En 2023, se convirtió en la primera persona Māori en publicar su obra en la prestigiosa revista The New Yorker.

Entre sus poemarios, se encuentra Poūkahangatus (2018/2022), Su debut, que desafía mitologías griegas y maoríes, ganó el premio al Mejor Primer Libro de Poesía en los Premios Ockham del Libro de Nueva Zelanda. Rangikura (2021/2024), su segundo libro de poemas, explora el deseo, la herencia y la vida en la era de internet. Fue lanzada internacionalmente por la editorial Knopf en 2024.

Recibió una beca de Creative New Zealand para trabajar en tres libros nuevos: una colección de poesía, un libro de ensayos y una novela discontinua centrada en el océano.

Descrita por el New York Times como una "It Girl" e icono de estilo, Tibble utiliza su plataforma (incluyendo su cuenta de Instagram @paniaofthekeef) para redefinir la identidad indígena moderna. Su escritura es aclamada por figuras como la poeta laureada de EE. UU. Joy Harjo, quien la define como una de las poetas más originales de su generación. Recientemente, en diciembre de 2025, su relato Las esposas de Tamanuiterā, fue destacado en los Premios literarios ReadingRoom.

Esta es una muestra de sus poemas:

Lluvia sobre el tejado

Mi sobrino, que dormía en la habitación del sótano,
ha puesto una laminilla de hierro afuera de su ventana
para recuperar el sonido de la lluvia que caía
sobre el tejado.

No se lo digo, pero el corazón encuentra en su desgracia
su propio consuelo.
Una hoja de hierro repara un tejado solamente.
Indemne, hasta ahora, de las heridas que la mudanza
y la diferencia nunca muestran,
mi sobrino puede reparar todavía los daños
para volver a traer el amoroso sonido de aquella lluvia
que conoció en la infancia.

Ni digo —en las pérdidas de la vida una laminilla
de hierro es una carga— que un día encontrará dentro de sí,
bajo una plena oscuridad y silencio,
el hierro que sostendrá no solamente el sonido
perdido de la lluvia, sino también el sol,
el rumor de los muertos
y todo aquello que jamás volverá.

         Traducción de Rogelio Guedea

Año de publicación: 2026

Desempleo

Todos los jueves a las diez de la mañana voy a la Oficina de Empleo,
relleno la solicitud que me dan, y digo lo que he ganado
por cortar los arbustos del vecino, alimentar su caballo,
rescatar una oveja tonta del pantano. Algunas veces, en trabajos domésticos,
hago hasta una libra por semana, pero nadie
ofrece nada permanente. El oficial (a quien conocí en la escuela,
un oso en el asiento de atrás) dice bostezando: lo siento, no podemos
contratarte.

Y por consiguiente no tengo lugar, ni en esto ni en aquello. Tengo
una buena caja de herramientas que mantengo bien aceitadas.
Tengo la experiencia y el conocimiento atados a un presto fajo
en la esquina de mi cabeza,
muy cerca de la puerta, pero como nadie la toca, siempre está cerrada.

Recojo mi prestación semanal. Vuelvo a casa,
abrazo a mi mujer, le doy de comer al gato,
y, como no tengo oficio ni beneficio, engordo.

          Traducción de Rogelio Guedea

Año de publicación: 2026

Nadie en el agua

Nadie se acerca al lago ya, no desde
que encontraron flotando ese cuerpo hinchado y moreno entre hojas
                                                           de pōhutukawa y latas de cerveza.

Nadie se acerca al lago ya, porque
huele a amargo y ácido. La superficie se ha cuajado
masticable como la leche echada a perder, o eso nos imaginamos, porque
ya nadie se acerca al lago y nadie
alimenta a los patos con pan blanco barato.  En cambio, ellos
comen pescado y patatas fritas desechados afuera fuera de las tiendas y
mueren
en la boca de los pit bulls de cuello rojo.  Aun así
los patos ya no se acercan al lago
porque
ya nadie se acerca al lago, pero la gente pasa por ahí 
y recuerda cerrar sus puertas y les advierte a sus niños.
Ya nadie se acerca al lago porque
es una  mancha como la vergüenza en la piel gruesa de la ciudad y
realmente ya nadie se acerca al lago porque
nadie nunca lo hizo.  Y uno podría imaginar, por eso, 
 por qué probablemente su cuerpo terminó allí, flotando.

            Traducción de Rogelio Guedea

Año de publicación: 2026