Nathalia Nieto
Nació en 2001, su vida ha estado atravesada por una temprana fascinación por el arte y lo oculto. A los once años tuvo su primer acercamiento a la meditación, iniciando una exploración interior que con el tiempo se convertiría en el eje de su escritura. Su poesía articula experiencias íntimas con una búsqueda constante de sentido, convive la introspección, la expansión de la conciencia y una mirada crítica sobre la realidad emocional y espiritual del ser humano. Resalta que, su escritura funciona como un proceso de revelación de sí misma más que la estructura estética: una forma de observarse, confrontarse y reconstruirse. Su voz se caracteriza por una sensibilidad simbólica que conecta lo cotidiano con lo trascendente, proponiendo al lector una experiencia introspectiva.
Esta es una muestra de sus poemas:
Venus juega con Cupido
Ella busca
la salida al borde del aire.
Se toma unas gotas
de esa melodía interna, quiere saber
si la eleva o la hunde.
Encuentra
entre las historias de su alma
la sumisión de un destino hipnótico.
Al reconocer la verdad
escondida detrás de sus parpados guardó los cristales adentro.
El amor a la soledad etérica,
tan inmenso en contraste al abrazo, un desconocido que llora una laguna.
Con el único azul de la naturaleza en sus ojos
prefiere mirar a otro lado:
El cielo se ve más íntimo,
la lluvia embellece el movimiento con un baño de piano.
Baila soberana
con su cuerpo acuático.
De un sueño infinito
he de venir, inevitable al cambio.
¡Ven! Hay bastante silencio en mis manos.
Año de publicación: 2026
Pan
Evoqué, Jerarca del bosque verde
tenía esplendor en su sabiduría masculina, muta la energía de cada animal
en riqueza,
Ascensión alegre, soberano equilibrio.
La música sobre la tierra
libera la infancia salvaje de todos los niños, adelanta su compleja naturaleza
desde la atención a la paz.
Su risa mueve mi barro, macera el vacío
lo contiene en el sonido.
Extiende su mano y me lleva a la cima de su montaña, caigo libre
en la contemplación.
Relámpagos escribas.
Mi visión escrita
es leía desde el otoño lúcido.
Un relato lejano
poetisa la inocencia
por distante, por perfecta
fecunda en mi desatada sensatez un altar magnético.
El seno salvaje de mi madre y el calor del sol
me guían al tiempo, siempre ascendente, ruge y fallece.
Más la soberana virtud he de alcanzar,
desde su goce las torres caerán y las ruinas darán fertilidad
a una semilla de oro.
Año de publicación: 2026
Posada a los pies de la Emperatriz flotante
su disípala arde prendiendo alas huidas de todo salto.
Escribe con la inspiración Que encuentra en espera
de responder a quién o a qué.
El verde se retoña sobre la hoja y muerde -hambrienta-
el idioma simbólico de su alma.
Dejó caer semillas en su interior y que el sol haga lo suyo,
eterno canto.
Por el balcón vió
Una sirena azul asomada en la superficie, miserable, inoportuna
la ausencia del macho cabra,
¿qué vida tiene un pájaro anhelando el hierro?
Poeta o no,
el aire borda sus pensamientos en el verbo.
Una orden final esclarece el llamado: Volver al vino y al pan, aumenta el amor. Maternidad.
La forma en la que se ancló a mi pecho atravesó llanto al amor.
Los días de fuego pueden
arrullar o incinerar la ingenuidad.
Leo y a veces escribo
perpetuo enternecer del destino,
aun con la incertidumbre sobre las manos, los besos rebosan el vacío.
Año de publicación: 2026